Presentación del director

SUMARIO

En marzo de 1917 apareció el primer número del entonces denominado Boletín del Colegio de Abogados, correspondiente a los meses de enero y febrero, con periodicidad bimensual. En la presentación, Manuel García Prieto, Decano del Colegio, escribía que «el Boletín está llamado a ser —y lo será seguramente— el medio más eficaz de comunicación entre los colegiales, sirviendo para estrechar los vínculos de clase, no solo entre los abogados madrileños, sino entre todos los de España, porque ese es el pensamiento de sus iniciadores y esos son los principios que animan a la Junta que tengo la honra de presidir». Veía así la luz el proyecto presentado en Junta de Gobierno el 22 de noviembre del año anterior, con el que se pretendía crear un «órgano de publicidad consagrado a la defensa de los intereses del Colegio y de la mejora y prestigio de la clase». En la posterior Junta de 11 de diciembre, el Diputado Antonio Soto Hernández, comisionado a este efecto, defendió ante la Junta la memoria en la que se detallaban las características que habría de tener el novedoso Boletín, así como las distintas secciones que deberían componer la futura publicación: acuerdos de junta de gobierno y generales; dictámenes y reclamaciones que se estimaran convenientes; presupuesto y cuentas del Colegio y Montepío; traducciones de la doctrina, legislación y jurisprudencia extranjera; normas generales de regulación de honorarios; con carácter excepcional, trabajos doctrinales o de estudio de la legislación española o jurisprudencia; revista de revistas española y extranjeras; bibliografía; convocatorias a concursos y oposiciones; también se admitirán, en fin, anuncios compatibles con la naturaleza del boletín. Esta primera etapa del Boletín concluiría en 1926.

Una segunda época vería la luz en 1930, bajo el mandato de una nueva Junta encabezada por Ángel Ossorio y Gallardo y con un nuevo título: Boletín Informativo del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (si bien en 1934 desaparecerá el término “informativo” del nombre de la publicación). Esta segunda época se prolongaría a lo largo de 50 números, hasta junio de 1936. 

Interrumpida su publicación durante los años de la Guerra Civil, reaparecerá fugazmente en 1939 bajo la denominación de Revista del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. En su presentación, Miguel Pavón Isern haría gala de la retórica del nuevo régimen. Habrá que esperar hasta 1946 para que el Boletín retome su curso habitual, saludando el Decano Antonio Goicoechea a los lectores en los siguientes términos: «Lanzar a la publicidad otra vez el órgano del Colegio equivale a establecer el mejor soporte para la ansiada intensificación de nuestra vida corporativa. Aun con la larga y honrosa tradición de todos nuestros Colegios… aislados los unos de los otros y rota entre los profesionales, la comunicación obligada y necesaria para los que desempeñan el mismo útil y honroso oficio».

La Junta ganadora de las elecciones de 1959, encabezada por el Decano Vicente Gella, aducirá razones de índole económica para proceder a una reestructuración del Boletín. El primer número de esta nueva a etapa, de periodicidad irregular, saldría en febrero de 1960. El fallecimiento del que había sido su Director, Narciso Fernández Boixader, marcará un nuevo cambio de rumbo a partir de 1980. Bajo el decanato de Antonio Pedrol Rius, el Boletín iniciará un periodo de transición hasta 1985, en que aparece con un nuevo aire, identificándose como Revista Jurídica General. Su Director Martínez del Val indicará en la presentación que «una publicación jurídica no es una verdadera Revista si falla el aspecto doctrinal». El aumento de la tirada en un 50 % y la ampliación de número de colaboradores serán las características principales de este período, despareciendo secciones tradicionales como Vida corporativa.

La tercera época del Boletín comienza en 1996, bajo la dirección de Daniel Loscertales y el decanato de Luis Martí Mingarro, quien, en la carta de presentación publicada en el primer número de la nueva etapa, señalará que «el Boletín será la publicación familiar, aquella en la que podemos encontrar todas unas orientaciones jurídicas fundadas en aquellos campos del derecho más actuales y que necesitan más apoyo y consulta doctrinal». Será éste, el reforzamiento del papel doctrinal, el aspecto más relevante del nuevo Boletín. Su director abundará en esta idea en su nota de presentación: «Es importante salir a la calle porque el colegio necesita contar con una revista propia de prestigio, donde los temas jurídicos más importantes y actuales, sean tratados por los mejores especialistas, desde un distinto punto de vista, Magistratura, Fiscalía, Universidad, Abogacía, etc. a fin de que estos trabajos sirvan de guía y fuente de estudio para todos los Colegiados y para los lectores en general». 

La nueva etapa del Boletín se caracterizará por un contenido ya plenamente doctrinal, con un tratamiento monográfico de la mayoría de los números, de carácter altamente especializado. La vida de la publicación concluirá en 2008, con un último número monográfico dedicado a Los derechos sociales en el siglo XXI (posteriormente, con motivo del Congreso de la Abogacía Madrileña celebrado en abril de 2015, se publicará un número especial conmemorativo con las ponencias presentadas al Congreso).

Pues bien, tras casi dos décadas desparecido de escena, el Boletín reaparece ahora, en lo que será su cuarta época, bajo el impulso de la Junta que, de resultas de las elecciones celebradas en 2022 y bajo el decanato de Eugenio Ribón, gobierna desde entonces el ICAM. Y las palabras de mi antecesor en el cargo recién transcritas, las suscribo en su totalidad.

En efecto, con un formato que pretende conjugar tradición y modernidad, el ahora denominado Boletín del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid pretende ganarse un sitio entre las revistas jurídicas de referencia en nuestro país, intentando combinar el rigor y la excelencia científica con un público destinatario integrado, fundamentalmente (que no de manera exclusiva), por abogados en ejercicio. Su periodicidad será trimestral, y su contenido, de carácter monográfico.

Cada número incorporará unos siete u ocho estudios sobre una determinada materia (esto es, quedando al margen comentarios específicos de jurisprudencia, noticias jurídicas y presentaciones bibliográficas), y estará coordinado por una autoridad en la materia en cuestión. A los trabajos por encargo de la coordinación, se pretende incorporar otros que los colegiados del ICAM tengan a bien presentar ante esta dirección, y cuya inclusión en el monográfico correspondiente se decidirá a partir de las evaluaciones llevadas a cabo por el notable Comité de Redacción del Boletín, con el respaldo de un —más notable aún si cabe— Consejo Científico, en los que están representados miembros importantes del mundo de la abogacía y del poder judicial, así como de la Universidad (concretamente de la Complutense, habida cuenta de los especiales vínculos que unen a ésta con el ICAM, traducidos en la Cátedra Extraordinaria de la Abogacía ICAM-UCM y en la reciente creación del Centro Universitario ICAM, adscrito a la UCM) y de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España (con la cual el ICAM ha cerrado, también recientemente, un importante convenio patrocinador).

Bienvenido sea al mundo jurídico, y con ello concluyo, este nuevo renacimiento del Boletín, cuyo primer número de su cuarta época está dedicado, bajo la sabia coordinación de la Diputada Mabel Klimt, a un tema de rabiosa actualidad, como es el de la relación de la Inteligencia Artificial con el ámbito del Derecho. 

Ricardo Alonso

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